La mujer de esta escena inicial no existe; es un personaje compuesto, construido para este artículo a partir de los tipos de casos que describen los contactos de la Reserva Federal. Imaginemos a una recién graduada en contabilidad. Terminó los exámenes en primavera, firmó una oferta de una gran empresa de Dallas y le dijeron que empezaría en enero. Esta semana llega un correo de una persona que coordina la selección. La empresa está «revisando los plazos» de los nuevos contratos. No han despedido a nadie, porque nadie había llegado a ser contratado. Un puesto que iba a existir sencillamente no existe.
Su caso es inventado, pero el patrón está documentado. El 14 de octubre la Reserva Federal publicó su Libro Beige, un resumen de lo que sus contactos empresariales contaron a los doce bancos regionales de la Reserva en las semanas previas al 5 de octubre. Son testimonios, no mediciones, y la Fed lo advierte: el documento resume comentarios de contactos ajenos al sistema y no expresa las opiniones de los responsables de la Fed. Aun así, contiene una frase nueva. «Cinco distritos informaron de que algunas empresas habían reducido la plantilla (mediante bajas sin reemplazo), aplazado contrataciones o previsto una menor creación de empleo tras aumentar la productividad con inversiones en IA».
Tres ediciones, una frase que cambia
El Libro Beige aparece varias veces al año, por lo que su redacción puede seguirse como un termómetro. La edición de julio, publicada el 15 de julio, decía que «unos pocos distritos señalaron que las empresas habían aumentado su uso de IA, ya fuera para contratar y seleccionar posibles empleados o para elevar la productividad de los trabajadores». Un distrito añadía que los empleadores «mantenían estable la plantilla e invertían más en IA». En aquel informe el empleo aumentó en términos netos, con incrementos en cinco distritos.
La edición de agosto, publicada el 2 de septiembre, era más vaga y presentaba un panorama más dividido: «Los distritos también informaron de efectos tanto positivos como negativos de la inteligencia artificial sobre la demanda de trabajo». No decía dónde recaían los efectos negativos. Octubre sí lo dice. El sujeto de la frase ya no es una herramienta que usan las empresas, sino unos puestos que no cubren.
El mercado laboral en su conjunto, según el mismo informe de octubre, «apenas varió». Tres distritos describieron aumentos modestos del empleo, cinco aumentos leves y cuatro ningún cambio significativo. Persistía la escasez de trabajadores especializados, técnicos y de oficios cualificados. Sea cual sea el efecto de la IA sobre la contratación, se produce dentro de un mercado laboral que no se está desmoronando, y la propia sección de precios del informe está dominada por el diésel, los aranceles y los seguros, más que por el software.
Qué describen los informes de los distritos
Los detalles están en las páginas de cada distrito. En Chicago, un contacto de servicios empresariales dijo que las mejoras de productividad derivadas de adoptar IA habían permitido a la empresa reducir el empleo mediante bajas sin reemplazo. En Cleveland, dos contactos bancarios dijeron que la automatización y la IA habían reducido las necesidades de personal al elevar la productividad de ciertos puestos. En Nueva York, algunas organizaciones grandes empezaban a suprimir determinados puestos o a aplazar contrataciones al integrar IA, y la demanda de personal de marketing se debilitó, aunque no se informó de despidos a gran escala.
Dallas aportó dos de los testimonios más claros. Un contacto del sector contable señaló que algunas grandes empresas están retrasando nuevos contratos laborales porque quizá no necesiten tantos empleados de nivel inicial como esperaban, en parte por las mejoras de eficiencia de la IA. Una empresa de selección describió la otra cara: había contratado nuevos reclutadores para gestionar su expansión de IA, después de que agentes de IA realizaran más de 180 horas de entrevistas en dos días y se necesitara a personas para revisar los resultados y decidir.
Minneapolis ofreció la formulación que mejor encaja con el informe completo. Los contactos de selección de personal informático dijeron que la inteligencia artificial «no estaba provocando despidos, pero sí frenaba la creación de nuevos empleos». Atlanta, por su parte, informó de que la implantación de IA se había extendido al desplegar más contactos herramientas y automatización, y de que, como en informes anteriores, la mayoría de las empresas no esperaba reducciones importantes de plantilla a corto plazo. San Francisco recogió casos de consultores que dejaban grandes empresas tradicionales para fundar sus propios negocios apoyados en IA. Cleveland añadió una observación sobre los costos: los contactos de banca y servicios profesionales informaron de aumentos en el costo del software, las herramientas de IA y el hardware informático.
Los datos de nóminas apuntan en la misma dirección
Un Libro Beige no puede decir qué magnitud tiene todo esto. Otra fuente puede aportar información sobre a quién afecta. El Stanford Digital Economy Lab publicó el 12 de agosto una versión revisada de «Canaries in the Coal Mine?». Erik Brynjolfsson, Bharat Chandar y Ruyu Chen utilizan datos de nóminas de ADP que abarcan a millones de trabajadores estadounidenses hasta junio de 2026. No encuentran pruebas de un desplazamiento generalizado del empleo en el conjunto de la economía. Sí encuentran que el empleo de trabajadores de entre 22 y 25 años en ocupaciones expuestas a la IA se sitúa ahora un 19 % por debajo de lo que habría alcanzado de haber seguido el ritmo de sus pares menos expuestos, mientras que los trabajadores con experiencia no presentan una brecha comparable.
El mecanismo que describen los autores coincide con los testimonios recogidos por la Fed: la brecha se genera sobre todo por una menor contratación de jóvenes, más que por un aumento de las salidas. Se concentra en ocupaciones donde el uso de IA sustituye principalmente tareas humanas; donde complementa principalmente a los trabajadores, el empleo se mantiene o aumenta. Los autores documentaron por primera vez esta divergencia en agosto de 2025 y afirman que desde entonces se ha ampliado de forma constante. Son cautos respecto a lo que demuestra. Califican los resultados de indicadores tempranos y descriptivos, no de estimaciones causales, y señalan que los patrones se debilitan al controlar por educación y que algunas tendencias divergentes son anteriores a la IA generativa.
Al poner ambas fuentes una al lado de la otra, se hace visible la tensión del relato. Las empresas le dicen a la Fed que la IA no está causando despidos y, en sentido estricto, parece cierto. Tanto sus contactos como los datos de nóminas sugieren que el ajuste se produce en la puerta de entrada: menos ofertas, incorporaciones más tardías, vacantes que quedan sin cubrir cuando alguien se jubila. Una persona a la que nunca se contrata no aparece en un anuncio de despidos, una cifra de indemnizaciones ni un titular.
Lo que la evidencia no permite afirmar
Los límites son reales. En este punto, el Libro Beige recoge cinco de los doce distritos, y cada uno aportó unos pocos casos, no un recuento. No da totales por sector ni cifra los empleos perdidos. Sus contactos atribuyen los cambios a la IA, y la atribución de un empleador es una afirmación, no un hallazgo. El mismo informe cita los tipos de interés, los aranceles, los precios del combustible y la incertidumbre como motivos de cautela empresarial, y los contactos inmobiliarios y de construcción de Cleveland redujeron personal únicamente por esas razones. Dallas, entretanto, informó de que los agentes de IA crearon trabajo para revisores humanos.
Lo que sí establece el informe es una dirección de cambio en una encuesta oficial que se repite periódicamente. En julio, la frase sobre IA trataba de su adopción. En octubre trata de personas que no fueron contratadas. Si esos cinco distritos se convierten en más es una pregunta para la próxima edición.
De vuelta en Dallas, la graduada ficticia responde al correo antes de una hora, con educación, y abre después una hoja de cálculo con otras empresas. El borrador de su carta de presentación tiene ahora una nueva línea sobre las herramientas que utilizó en sus últimas prácticas. No se ha quedado sin empleo. Está donde los contactos de la Fed dicen que se siente primero la presión: al principio de una fila que se ha acortado sin hacer ruido.
Referencias
- Brynjolfsson, E., Chandar, B., & Chen, R. (2026, revised 12 August). Canaries in the Coal Mine? Six Facts about the Recent Employment Effects of Artificial Intelligence. Stanford Digital Economy Lab. digitaleconomy.stanford.edu
- Federal Reserve System (2026). Beige Book, July 2026: National Summary. federalreserve.gov
- Federal Reserve System (2026). Beige Book, August 2026: National Summary. federalreserve.gov
- Federal Reserve System (2026). Beige Book, October 2026: National Summary. federalreserve.gov
- Federal Reserve Bank of Atlanta (2026). Beige Book, October 2026: Sixth District. federalreserve.gov
- Federal Reserve Bank of Chicago (2026). Beige Book, October 2026: Seventh District. federalreserve.gov
- Federal Reserve Bank of Cleveland (2026). Beige Book, October 2026: Fourth District. federalreserve.gov
- Federal Reserve Bank of Dallas (2026). Beige Book, October 2026: Eleventh District. federalreserve.gov
- Federal Reserve Bank of Minneapolis (2026). Beige Book, October 2026: Ninth District. federalreserve.gov
- Federal Reserve Bank of New York (2026). Beige Book, October 2026: Second District. federalreserve.gov
- Federal Reserve Bank of San Francisco (2026). Beige Book, October 2026: Twelfth District. federalreserve.gov